HISTORIAS

El boletín dé-coll/age de Wolf Vostell


El carácter pionero de dé-coll/age como boletín del arte de acción está intrínsecamente unido a un factor que, junto a su temprana cronología, fue la clave de su éxito: la estética editorial que Vostell supo crear para presentar aquellas formas de arte, experimentales y raras, tan difíciles de clasificar y, por lo tanto, de comunicar.

Autor: Henar Rivière

«El hecho de que Vostell me presentara a artistas como Mauricio Kagel, Joseph Beuys, Nam June Paik, Jörg Immendorff, Dick Higgins, Emmett Williams, Dieter Roth y Tomas Schmit ilustra el papel especial que jugó como intermediario y organizador de la escena artística del momento», declaraba el fundador de la influyente revista de neovanguardia Interfunktionen, Friedrich W. Heubach. Y no dudaba en insistir en que, «independientemente de cómo uno juzgue su obra, Vostell merece un reconocimiento innegable por su iniciativa incansable a la hora de poner en contacto entre sí a los más diversos artistas y ser a menudo el primero en dar a conocer sus obras». Esto último, explicaba Heubach, se produjo con frecuencia a través de las páginas de su boletín dé-coll/age.(1)

El boletín dé-coll/age de Wolf Vostell

Publicado entre 1962 y 1969, dé-coll/age constó de siete números de formatos dispares y periodicidad irregular, que vieron la luz en tiradas de entre quinientos y mil ejemplares. Consistió en una apuesta ganadora de Vostell, que supo aprovechar el potencial de la edición underground para crear redes de colaboración internacionales. Desde su centro de operaciones en Alemania, el artista se convirtió con su boletín autoeditado en una figura nodal dentro de la miríada de manifestaciones artísticas que brotaron en los años sesenta en las arenas movedizas del arte de acción, y actuó como escaparate y puente entre muchos de sus exponentes, fundamentalmente europeos y estadounidenses. Se puede por lo tanto afirmar que dé-coll/age fue la primera revista de arte de acción propiamente dicha, tanto por su contenido como por su difusión —a menudo realizada por correo postal o a través de amigos que viajaban—. Pero existe una razón más, absolutamente crucial.

El boletín dé-coll/age de Wolf Vostell

El carácter pionero de dé-coll/age como boletín del arte de acción está intrínsecamente unido a un factor que, junto con su temprana cronología, fue la clave de su éxito: la estética editorial que Vostell supo crear para presentar aquellas formas de arte, experimentales y raras, tan difíciles de clasificar y, por lo tanto, de comunicar. Formas de arte por definición efímeras: «festivales» y «conciertos» sin música, «teatro» sin libretos, «eventos» casi imperceptibles y «happenings» irrepetibles…; es decir, prácticas formalmente escurridizas, que tenían en común su énfasis en el hacer frente a lo hecho, el proceso frente a la obra —al menos, la obra entendida en el sentido tradicional, como algo dotado de entidad material propia, ya sea a modo de cuadro, escultura, libro o partitura, a la que por tanto siempre se puede volver—. Ni música, ni escritura, ni pintura y, sin embargo, un poco de todas a la vez, estas prácticas inaugurales de lo que hoy llamamos «performance» eran volátiles. Gracias a sus habilidades como diseñador profesional, Vostell dio con una fórmula eficaz para aferrarlas sobre el papel y así hacerlas transmisibles más allá de la oralidad, sin por ello traicionar formalmente su carácter transitorio: un diseño editorial propio, que rápidamente se convirtió en la lengua franca del arte de acción.

El boletín dé-coll/age de Wolf Vostell

 

 

El boletín dé-coll/age de Wolf Vostell

El estilo editorial en cuestión es directo, sucio y aparentemente caótico. Se basa en la reproducción facsimilar de documentos de diversa índole —recortes de prensa, invitaciones, fotografías, notas y correspondencia de los artistas— que se mantienen tal cual los enviaban los artistas «con sus manchas, correcciones, tachaduras, imperfecciones y todo lo demás».(2) Su montaje es desordenado: los distintos materiales se suceden sin respetar el orden anunciado en los índices y sin separación clara entre unos apartados y otros, llegando a disponerse indistintamente boca arriba, boca abajo o de lado, incluso cuando ocupan una misma página. Además, están impresos en papeles de diferentes calidades y tamaños que, generalmente, se unen con simples grapas. El resultado de todo ello es, por un lado, lo que Heubach llamaba la «estética de lo empobrecido», que tantos «seguidores e imitadores» encontró después de que él la hiciera suya en su revista Interfunktionen(3). Por otro lado, este diseño genera una sensación de inmediatez que responde de forma precisa a las intenciones de Vostell. Su apuesta consistía en transmitir los hechos sobre la marcha, aportando con cada número del boletín un testimonio, fugaz y sin filtros, sobre los acontecimientos artísticos más recientes protagonizados por él y sus colegas.

El boletín dé-coll/age de Wolf Vostell

 

 

El boletín dé-coll/age de Wolf Vostell

 

 

El boletín dé-coll/age de Wolf Vostell

El diseño editorial creado por Vostell bebe directamente de sus planteamientos artísticos, basados en un fundamento estético que le da nombre al boletín: el principio «dé-coll/age». Este estaba detrás de todas las intervenciones artísticas del alemán —desde el rasgado de vallas publicitarias hasta sus happenings, pasando por el emborronamiento de fotografías de prensa y su trabajo con video y televisión— y era su respuesta a lo que él percibía como la realidad característica de su tiempo, la de la paz tecnificada que siguió a la II Guerra Mundial en Europa, donde la violencia se filtraba a través de los medios de comunicación de masas. Fascinado por el lenguaje sensacionalista de estos últimos, Vostell produjo su propia versión underground con su revista y, de paso, practicó a su manera la vieja táctica de la manipulación informativa. Porque el aspecto caótico de dé-coll/age, donde los documentos parecen haber caído allí donde están por puro azar, esconde en realidad un relato bien calculado que responde, en sus diferentes números, a los sucesivos posicionamientos de su editor dentro de la cambiante escena del arte de acción. En ese territorio virgen e inestable, Vostell fue encontrando su camino a base de alianzas y enemistades, vinculadas a su vez a la creación de categorías como «Fluxus» y el «happening» que, sin dejar de ser altamente escurridizas, fueron definiendo el campo. Las tensiones de este proceso quedaron sedimentadas en las páginas de su boletín, que se reveló como una poderosa herramienta para articular, difundir y, a la larga, canonizar, sus puntos de vista y tomas de postura particulares. Sin ir más lejos, estas últimas se vieron sancionadas por la primera exposición retrospectiva jamás dedicada al arte de acción por el hoy mítico comisario suizo Harald Szeemann. Bajo el controvertido nombre de «Happening & Fluxus» (1970), esta muestra puso un primer cimiento a la investigación posterior sobre Fluxus, el happening y otras prácticas accionistas de los años sesenta, silenciadas en su título, pero presentes en su catálogo (el accionismo vienés o el grupo Zaj, por ejemplo).

El boletín dé-coll/age de Wolf Vostell

El boletín dé-coll/age de Wolf Vostell

Las posturas de Vostell —y Szeemann— han sido superadas con el paso del tiempo en muchos sentidos, y el boletín dé-coll/age ha quedado en general bastante relegado al olvido. Conviene, sin embargo, rescatarlo si es que queremos aproximarnos con cierto rigor historiográfico a los desarrollos de la escena accionista de la década de los sesenta. Recapitulando, dé-coll/age no solo desempeñó un papel de primer orden en la difusión de las nuevas prácticas artísticas, sino que creó el lenguaje visual que durante décadas ha servido para comunicarlas. Arte y parte a un mismo tiempo, contribuyó además de forma activa a conformar las alianzas, agrupaciones y definiciones terminológicas que terminaron por mapear el terreno del arte de acción en sus albores.(5)

El boletín dé-coll/age de Wolf Vostell

Como coda final a este recorrido por el boletín, merece una mención especial su quinto número. Este constituye una excepción al enfoque eminentemente documental de los demás, ya que se adentra en el terreno de los «múltiples», objetos artísticos de diversa tipología producidos en serie, que liquidan el aura de la obra de arte única tradicional y plantean una interesante fricción entre la producción editorial y la artística.

 

Notas:

(1) Friedrich W. Heubach: «Interfunktionen, 1968-1975», en Gloria Moure (ed.): Behind the Facts. Interfunktionen 1968-1975, Barcelona: Polígrafa, 2004, pp. 58-59 (nota 2). Traducción de la autora.

(2) Vostell en entrevista con Sarenco y Gino di Maggio en Lotta Poetica, n.º 9 (octubre de 1982), p. 3. Traducción de la autora.

(3) Heubach: ob. cit., pp. 47-49.

(4) Cf.: Hanns Sohm & Harald Szeemann (eds.): Happening & Fluxus. Materialien, Colonia: Kölnischer Kunstverein, 1970.

(5) Para un estudio pormenorizado de dé-coll/age y su importancia historiográfica, véase: Henar Rivière: «Wolf Vostell’s dé-coll/age Magazine: The Editorial Design of Action Art», OnCurating, n.º 51 (septiembre de 2021), y Martin Patrick & Dorothee Richter (eds.): Fluxus Perspectives, pp. 189-206.

 

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